Los nombres de la plaza Mayor

Plaza Mayor de Madrid

Popularmente a la plaza Mayor siempre se le ha conocido por este nombre, pero oficialmente no siempre ha sido así. Su nombre ha cambiado en varias ocasiones en función del momento político que atravesaba la Nación española.

Comenzó llamándose plaza del Arrabal, ya que se encontraba fuera del perímetro de la muralla medieval cristiana del siglo XII. En 1532, se la denominó por primera vez plaza Mayor, permaneciendo inalterable su nombre hasta el siglo XIX.

El siglo XIX fue un siglo convulso en España, donde hubo guerras, revoluciones y cambios de regímenes políticos, lo cual se reflejó en el callejero madrileño. En 1812 la plaza Mayor pasó a ser la plaza de la Constitución, en honor a la primera que tuvimos los españoles, la conocida como la Pepa. Tres años más tarde, con el retorno de Fernando VII y el absolutismo, se sustituyó nuevamente el nombre por el de plaza Real. En 1820, primer año del período conocido como el Trienio Liberal, retomó el nombre constitucional para, tres años después, en 1823, volverse a llamar Real, al inicio de la Década Ominosa (¡menudo lío!).

Con la subida al trono de Isabel II en 1833 hubo también cambio de nombre: otra vez plaza de la Constitución. En 1873, tras cuarenta años de “estabilidad” para la plaza, se instauró la I República española y, cómo no, una de las primeras cosas que se hicieron fue sustituir el nombre de la plaza por el de la plaza de la República (a la que, al poco tiempo, se le añadió el apellido de “Federal“).

Poco duró el experimento republicano; en 1874 se restauró la monarquía en España con Alfonso XII y el nombre de la plaza por el de plaza de la Constitución. Tanto cambio, tanto cambio para que, con el tiempo, este último nombre se olvidase y volviera a denominarse oficialmente como plaza Mayor.

Así que, resumiendo, y si no me salen mal las cuentas, ha tenido un total de seis nombres diferentes, los cuales se han ido sucediendo desde su creación once veces. Sin embargo, sólo uno de ellos es el que está en el corazón de todos los madrileños y siempre permaneció inalterable.

En boca cerrada no entran… ¿gorriones?

Estatua de Felipe III a caballo

La estatua ecuestre de Felipe III, que preside la plaza Mayor, guardó durante muchos años, siglos, un secreto en su interior. Realizada en el siglo XVII por Juan de Bolonia -aunque finalizada por Pietro Tacca-, originariamente decoraba un patio del palacete de la Casa de Campo. Sin embargo, sus creadores jamás en la vida pensaron que acabaría siendo cementerio de… ¡gorriones!

El secreto se resolvió fortuitamente debido a una demostración de fervor republicano al inicio de la Segunda República española. Un ciudadano quiso demostrar a sus vecinos madrileños cuán republicano era. Para ello, insertó unos petardos en la panza del animal a través de su boca con intención de volar la escultura. Al estallar, y tras los aplausos por tamaña muestra de valentía patriótica, los vecinos se dirigían a otro punto, pero uno de ellos reparó en que en el interior hueco del caballo había millones de huesecillos, plumas y un olor nauseabundo.

Al igual que estos ciudadanos introdujeron por la boca los petardos, los pobres gorriones fueron entrando durante años. Unos, perseguirían a algún bichillo; otros, por simple curiosidad, pero ninguno de ellos pudo encontrar la salida a esta oscura trampa mortal.

Tras la Guerra Civil se volvió a instalar en la plaza Mayor la estatua ecuestre de Felipe III, esta vez con la boca sellada de tal manera que los pajarillos no pudiesen entrar.

Nada más. Creo que debo callarme ya, porque en boca cerrada no entran… ¿gorriones?

Los soportales de la plaza Mayor

Plaza Mayor de Madrid I

Ayer paseaba por la plaza Mayor y encontré a un guía que explicaba a su grupo la distribución de los soportales originaria de la plaza Mayor. No me dio tiempo a escuchar todo lo que decía pero, cuando llegué a casa, hice labor de investigación. Parece ser que hubo un reparto y quedó de la siguiente manera:

  • El acera norte (el de la Casa de la Panadería, la de los frescos y el punto de información turística), se destinó a la venta de sedas;
  • el acera sur (el de la Casa de la Carnicería, la actual Junta de Distrito), a los cáñamos;
  • el acera este (a la derecha de la Casa de la Panadería), a hilos y quincallas;
  • y la oeste (a la derecha de la Casa de la Carnicería), al comercio de paños.

A día de hoy todo esto ha cambiado. Ahora copan los soportales de la plaza Mayor de Madrid tiendas de souvenir, sombreros, filatelia o restaurantes turísticos.

Y ya que estamos hablando de comida, no podéis dejar de tomaros el típico bocata de calamares mientras dais una vuelta por la plaza u os sentáis en ella a tomar un poquito el sol. Os recomendaría los que hay en las calles de Botoneras y de Ciudad Rodrigo.