Garrote vil, de Ramón Casas i Carbó

Garrote vil, Ramón Casas

Garrote vil, Ramón Casas i Carbó (1894)

“El cuadro tiene como tema la interrupción violenta de una vida. La escena se sitúa en el Pati dels Corders, en la antigua cárcel de Barcelona, un espacio cerrado sin escapatoria para el reo. Las líneas construidas por las sucesivas barreras humanas alrededor del punto fatídico donde está situado el preso son las auténticas protagonistas de la obra.

Casas se sirvió de una gama fría y pesimista, huyendo de todo lo anecdótico y expresivo que podría extraerse de la representación del individuo que sufre directamente las consecuencias de la acción. Éste no reclama la atención, ni el interés del pintor, que prefirió convertir en protagonista a las fuerzas sociales que ayudan a que el episodio tenga lugar. Si bien el espacio planteado por Casas, cerrado por un potente muro, niega cualquier salida para el reo, la muralla formada por las autoridades eclesiásticas, civiles y militares reafirma la imposibilidad de la huida. A una cierta distancia, queda situada la masa popular anónima, una aglomeración sin forma que cierra el espacio. Para conseguirlo, Casas creó una composición basada en planteamientos habituales, como situar la línea del horizonte a dos tercios de altura. Con esta solución el pintor dispuso un espacio urbano perfectamente ambientado, suficiente para proporcionar más expresividad a la obra y que le permitió mantener unidos todos los elementos en una dirección emocional bien definida.

El simbolismo de los árboles secos, sin hojas, hace aumentar la concepción de un escenario desolado y hostil, a la vez que las líneas equilibran la composición. En esta obra el autor consiguió la integración progresiva del observador anónimo en un espacio pictórico, de manera que llega a ser testigo de la acción representada y, como un personaje más, respira el mismo aire y queda absorto en el inminente desenlace de la ineludible ejecución. Con las figuras vistas de espaldas, espectador y pintura quedan unidos en un único espacio físico.”

Texto extraído íntegramente de VV. AA., Los grandes genios del arte contemporáneo español. El siglo XX – 22, Casas, Ciro Ediciones, 2006, pág. 92.

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El Guernica de Pablo Ruiz Picasso

Guernica, de Pablo Ruiz PIcasso

Fuente: página web del MNCARS

“El Gobierno francés decide organizar en junio de 1937 una gran Exposición Internacional de las Artes y las Técnicas. El proyecto es confiado al arquitecto José Luis Sert y a Luis Lacasa, con la colaboración de Picasso. Éste decide realizar una composición monumental (…).

Tras meses de búsqueda (…), Picasso decide representar la tragedia en el gran cuadro destinado al pabellón español. Las primeras figuras que aparecen en los bocetos pintados con precipitación, ira y pasión, son el toro, la mujer que ilumina la escena y el terrible caballo herido, en el centro (…). Se suceden bocetos a lápiz u óleo, realizados directamente en el lienzo o en trabajos preliminares (…).

El lienzo en el cual decide trabajar tiene casi tres metros de alto y ocho de largo (…).

A los elementos citados se van añadiendo la madre que, gritando hacia el cielo, estrecha a su hijo muerto entre sus brazos, colocada a la izquierda de la composición, y el guerrero que empuña la espada despedazada. Sólo tras repetidas y poco convincentes tentativas de incluir el color (…), Picasso opta por ejecutar la obra en tonos que no se aparten del blanco, el negro, el marrón y algunos esfumados azules, para depurarla de inútiles abundancias y hacer resaltar su fuerza en la esencialidad.

A pesar de que hace la obra inspirándose en las imágenes y relatos que los medios de comunicación habían ofrecido del terrible acontecimiento, en el Guernica no hay un genuino aspecto narrativo (…). La obra maestra concluida en menos de dos meses, es de inmediato considerada como una obra sublime por la mayoría de los observadores, hasta el punto de pasar a ser en pocos años el símbolo del pacifismo mundial. Cada detalle concreto se muestra en su cruda simplicidad, que es la fuente de la fuerza del conjunto. Pero las entusiastas reacciones van acompañadas de visiones políticas entre los críticos de las opuestas ideologías (…).

El cuadro fue expuesto por primera vez en el pabellón español de la Exposición Internacional de París y adquirido por la República española en 150.000 francos. Pero cuando la guerra civil terminó con la victoria de los franquistas Picasso decidió enviarla a Estados Unidos y confiarla al Museum of Modern Art, ‘hasta que en España volviese la democracia’. Después de la Exposición de París, el lienzo fue de una exposición a otra, siendo objeto de grandes elogios.”

Texto extraído literalmente de DE SERIO, Massimiliano, Los grandes genios del arte contemporáneo. Picasso (1915-1973), tomo II, Unidad Editorial, 2003, págs. 47-49.