Plaza de Juan Malasaña

Placa de la plaza de Juan Malasaña

Placa de la plaza de Juan Malasaña

Plaza de Juan Malasaña

Muy retirado del centro de Madrid, nada más y nada menos que en el distrito de Villa de Vallecas, se encuentra esta plaza de Juan Malasaña… ¿Quién es este Juan Malasaña? ¿Tiene algo que ver con la conocidísima Manuela? ¿Por qué se encuentra tan alejada del centro de Madrid? Si queréis conocer las respuestas, en este post las tenéis…

Pues sí, efectivamente, Juan Malasaña es el padre de la heroína del Dos de Mayo. Ahora bien, ¿conocéis su historia? En esta semana del Dos de Mayo pensé hacerle un homenaje para que conozcáis a este patriota español que luchó contra los franceses en el alzamiento popular. ¡Vamos a ello!

Para saber de dónde viene este personaje hay que remontarse al siglo XVIII. Juan Malasaña llegó al mundo el 8 de febrero de 1759 en el antiguo pueblo de Vallecas. Hijo de un emigrante francés (François Malasagna), la familia se trasladó a Madrid por motivos laborales. Juan encontró trabajo en la capital como obrero. Conoció a María Oñoro, se casaron y se fueron a vivir a la calle del Barco, número 17. Allí nacieron sus tres hijos, entre ellos Manuela.

La jornada del Dos de Mayo, Juan acudió junto a su hija Manuela a la llamada de la patria. Por aquel entonces, residían en la calle de San Andrés, vecina al antiguo Parque de Artillería de Monteleón. Al son de las algaradas, y sin ningún complejo por su ascendencia francesa, luchó contra el invasor. Cuenta don Rafael Goicoechea, capitán de los Voluntarios del Estado, que al ver como caía su hija fruto de un balazo en la sien, Juan continuó disparando sin hacer caso a las órdenes de los superiores, quienes le animaban a abandonar la batalla para atender al cuerpo de Manuela. Al fin, cesó de guerrear, cogió los restos de su hija, la besó en la frente y se retiró por la calle de San Andrés para darle cristiana sepultura.

Juan Malasaña no murió en los enfrentamientos del 2 de mayo, ni en las represalias que tomaron los franceses contra el pueblo de Madrid el día siguiente. Nuestro héroe falleció junto a su mujer en el Año del Hambre (1811-1812), rechazando incluso el pan que le ofrecían los franceses.

Vallecano y español, a Juan Malasaña se le dedicó la plaza principal del antiguo pueblo que le vio nacer, en la estación de metro de Villa de Vallecas, justo en frente de la parroquia de San Pedro Advíncula, donde recibió el bautismo.

Anuncios

El Dos de Mayo y El Tres de Mayo, de Francisco de Goya

El Dos de Mayo

El Dos de Mayo en Madrid, de Francisco de Goya (1814)

“El 24 de febrero de 1814, Goya dirige al Consejo de Regencia, en la persona del regente, el cardenal Luis María de Borbón, una petición de apoyo financiero para realizar dos grandes cuadros dedicados a ‘perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o episodios de nuestro glorioso levantamiento contra el tirano de Europa’. Con extrema solicitud, el regente pone a su disposición el dinero y los materiales necesarios para la ejecución de las obras. No está probado, pero tal vez los dos lienzos fueron colgados en un arco de triunfo con ocasión de la entrada de Fernando VII en Madrid.

En este lienzo, Goya muestra la revuelta popular que dio origen a la Guerra de la Independencia contra la ocupación francesa y el gobierno bonapartista. El levantamiento se desencadenó contra los destacamentos turcos de las milicias francesas, pero la representación de soldados musulmanes en una pintura de historia apelaba al recuerdo nacionalista de la lucha contra los moros, enemigos atávicos de los españoles desde los tiempos de la Reconquista. El cuadro, de dinámica encendida y furibunda, está pintado en un estilo rápido y suelto con sobreabundancia de marrones y rojos que hacen presagiar la paleta típica de Delacroix.”

El Tres de Mayo

El Tres de Mayo en Madrid, de Francisco de Goya (1814)

“La obra representa la ejecución de patriotas por las tropas francesas. El pelotón de ejecución tiene la rigidez, la compacidad, la impersonalidad de una máquina de matar (no de una manera distinta a una cámara de gas). La factura es amplia y pastosa, extendida a trazos con la espátula; sin embargo, el efecto de realismo es impactante: el hombre caído en el suelo, en un charco de sangre, con el cráneo deshecho, posee una urgencia trágica que golpea nuestra imaginación como un disparo. Goya no describe, no narra, sino que nos impresiona, graba la imagen en la memoria. ‘El personaje central, con su camisa blanca deslumbrante, con los brazos abiertos y levantados, se transforma en un puro grito plástico. Las formas abiertas y divergentes como una explosión, la cegadora claridad radiante que capta y refleja la luz de la linterna en el umbral de sombra hacen de este lienzo y en especial de esta figura una de las más gloriosas anticipaciones de ciertas telas contemporáneas que, con medios enteramente plásticos, intentan comunicar el grito, la desesperación o la brutalidad. Expresar más que narrar, provocar más que informar’ (Alfonso E. Pérez Sánchez)”.

Textos extraídos íntegramente de la obra Los grandes genios del Arte. Goya, Unidad Editorial, Madrid, 2005.