El pozo del milagro de san Isidro

El pozo del milagro de san Isidro

El pozo del milagro de san Isidro

El pozo del milagro de san Isidro

Hoy es 15 de mayo, festividad de san Isidro, día que los madrileños celebramos ya sea en la pradera, ya sea de puente. Para celebrar esta festividad, desde Rutas por Madrid os traemos uno de los milagros que el patrón de Madrid realizó allá por el siglo XIII. Nos referimos, como bien indica el nombre de la entrada, al milagro del pozo. ¿Quieres saber qué pasó en este pozo y alguna curiosidad más? ¡Pues sigue leyendo!

Los hechos

Cuentan las crónicas de Juan Diácono sobre la vida de san Isidro los siguientes hechos: como todas las mañanas, Isidro salió de su casa, próxima a la iglesia de San Andrés, hacia los campos de su señor Iván de Vargas. Su mujer María quedó en casa cuidando a Illán, el recién nacido hijo de la pareja, además de la multitud de tareas propias del hogar.

Como todos sabréis, Isidro era conocido por su capacidad para encontrar aguas subterráneas -muy abundantes en Madrid-. Abrió varios pozos, uno de ellos en su propio hogar. Illán, curioso como todos los bebés, solía despegarse de su madre para investigar el mundo que le rodeaba. Pues bien, esa mañana le llamó la atención este pozo, con tan mala suerte que cayó dentro de él al asomarse al brocal.

María escuchó los llantos de su hijo y acudió al pozo, de donde provenían. A pesar de el susto inicial, mantuvo la calma e hizo llamar a Isidro para que regresase a casa a escape.

El milagro

Al llegar Isidro junto al pozo confió en la ayuda divina. Isidro y María Toribia comenzaron a rezar junto al brocal con tanta fuerza que las aguas comenzaron a elevarse milagrosamente logrando sacar al joven Illán al exterior.

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El pozo del milagro de san Isidro

El pozo en la actualidad

Con las obras de remodelación de la antigua residencia de los condes de Paredes, para destinarlas al Museo de los Orígenes, el pozo es visitable nuevamente. Estuvo durante muchos años en un estado lamentable, cubierto por unas planchas de uralita y unos maderos viejos. Sin embargo, hoy en día tiene un nuevo brocal y es pieza clave de este museo de Madrid.

¿Aún no has pasado a verlo?

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El pasadizo del Rey

Entrada al pasadizo del Rey

Entrada al pasadizo del Rey

El pasadizo del Rey

El subsuelo de Madrid está lleno de pasadizos. Los más conocidos son los cientos de kilómetros de las líneas de Metro, Cercanías y los pasillos, algunos de ellos interminables -como los de la estación de Diego de León-. Otro famoso túnel es el tramo soterrado de la M-30, que transcurre bajo nuestro caudaloso río Manzanares. Gracias a su soterramiento, además de acercar los barrios anteriormente separados por la autopista, los madrileños tenemos un nuevo espacio de ocio, deporte y naturaleza: el Madrid Río. Sin embargo, no todos saben que este proyecto supuso la desaparición de un no tan conocido pasadizo: el pasadizo del Palacio Real.

Para saber un poco más sobre su origen tenemos que transportarnos a 1810. El hermano del emperador Napoleón Bonaparte, José, gobernaba en España. Sin embargo, vivía con miedo a que se repitiesen los hechos del 2 de Mayo, cuando el pueblo de Madrid se alzó en contra de la ocupación francesa y que supuso el comienzo de la Guerra de la Independencia. Por ello, el Rey se dirigió a Juan de Villanueva para encargarle un túnel que condujese desde el Palacio Real hasta el palacete de la Casa de Vargas, en la Casa de Campo, donde por motivos de seguridad había fijado su residencia. Este túnel salía desde los jardines del Campo del Moro y tenía su salida a las puertas del Puente del Rey,

Tras la Guerra de la Independencia, el túnel se mantuvo como medida de seguridad por si en algún momento cualquier monarca tenía que huir con lo puesto. Si os preguntáis si alguna vez se dio el caso os diré que sí. Sobre las 20:45 del 14 de abril de 1931, Alfonso XIII lo utilizó para abandonar el Palacio Real tras la proclamación de la II República. Sin embargo, como decíamos al principio, nadie podrá volver a utilizarlo porque simplemente no existe. Eso sí, si queréis podéis ir al Campo del Moro, donde se conserva la puerta de entrada al túnel, perfecto para ir con caballerías o con los más modernos vehículos a motor; o en Madrid Río, frente al puente del Rey, donde hay una placa que indica dónde se encontraba la salida.

Salida del pasadizo del Rey hacia la Casa de Campo

Salida del pasadizo del Rey hacia la Casa de Campo

Nuestro siempre piropeado río Manzanares

Vista de Madrid, Anton Van der Wyngaerde (1562)

Vista de Madrid, de Anton Van der Wyngaerde (1562)

Nuestro siempre piropeado río Manzanares

A pesar de la riqueza de sus aguas, la ciudad de Madrid nunca ha podido jactarse de que por sus tierras discurriese un río tan caudaloso como el de otras capitales europeas. Conocido hasta el siglo XVI como Guadarrama, cuando cambió su nombre por el de Manzanares, por nacer en tierras pertenecientes al señorío de Manzanares el Real, siempre se ha caracterizado por su bajo caudal. Sin embargo, alguna que otra vez tuvo crecidas, como las sufridas en el siglo XV, que dieron nombre a alguna calle madrileña.

Sea como sea, a lo largo de la historia el Manzanares ha recibido multitud de piropos referentes a su caudal. A continuación podéis leer algunos de ellos.

Tirso de Molina

El monje mercedario comparó en su Oda al río Manzanares el curso del río con el universitario:

Como Alcalá y Salamanca
tenéis, y no sois colegio,
vacaciones en verano
y sólo curso en invierno.

Félix Lope de Vega

El gran poeta le dedicó los siguientes versos:

Manzanares, Manzanares,
arroyo, aprendiz de río,
platicante de Jarama,
buena pesca de maridos…
y aunque un arroyo sin bríos
os lave el pie diligente,
tenéis un hermoso puente
con esperanza de río.

El puente al que se refiere el poeta es al de Segovia, obra del arquitecto Juan de Herrera. De hecho, cuando el poeta fue invitado por el corregidor a la inauguración del puente, y se le pidió opinión sobre él, dijo: “No voy a dar una opinión, sino un consejo, señor corregidor: que la Villa de Madrid, una de dos, se compre un río o venda el puente”. Imaginaos la reacción de los allí congregados…

Luis de Góngora

El cordobés no se quedó atrás piropeando a nuestro río. Lo hizo, por ejemplo, en este poema:

Duéleme de ese puente, Manzanares:
mira que dice por ahí la gente
que no eres río para medio puente
y que eres un río para treinta mares.

Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo, siempre tan ingenioso, también se refirió a nuestro río en los siguientes poemas:

Tiéneme del sol la llama
tan chupado y tan sorbido
que se mueren de sed
las ranas y los mosquitos.

Más agua trae en un jarro
cualquier cuartillero de vino
de la taberna, que lleva
con todo su argamandijo.

Otros piropos de literatos y visitantes

No sólo estos gigantes de las letras hicieron mofa y befa de nuestro río. Conocemos algunos comentarios de diplomáticos, ilustres visitantes y literatos. Entre estos últimos, destacamos a Ventura de la Vega, quien dijo que si en Madrid llovía, el río pediría a gritos un paraguas (no fuera a ser que se mojase). También el francés Alejandro Dumas, autor de Los tres mosqueteros, quien residió un tiempo en Madrid, afirmó que no podía escribir nada sobre nuestro río simplemente porque no consiguió verlo nunca. No sólo eso. Se dice que un día, muerto de sed, pidió a un aguador un vaso de agua del cual sólo bebió la mitad… ¡dejando la otra para que la echase al Manzanares!

Entre los ilustres visitantes, la condesa francesa de D’Aulnoy dijo que en los meses de junio y julio el cauce estaba tan seco que los madrileños hacían carreras de carruajes ¡de hasta dos mil participantes! (la condesa fue un poco exagerada; quizás unos mil hubiera sido más acertado). Por último, el embajador alemán Rhebiner, como buen diplomático, tuvo palabras alegres para el Manzanares. Afirmó que era el mejor río de Europa, ya que tenía la ventaja de ser navegable tanto en coche como a caballo…

La leyenda de la casa de la cruz de palo

Casa de la cruz de palo

Casa de la cruz de palo.

La leyenda de la casa de la cruz de palo

Madrid está llena de leyendas, fruto de siglos de historia. Amoríos prohibidos, personajes legendarios e incluso fantasmas se esconden tras los muros de algunas viviendas o en esquinas actualmente transitadas por el tráfico o los caminantes, turistas o autóctonos, quienes recorren con prisa nuestra ciudad, sin fijarse en las pistas que estas leyendas nos han dejado. El Madrid de los Austrias está plagado de ellas, pero es la calle del Sacramento una de las que más esconde. Hoy os traigo una de ellas, una leyenda de amor que sucedió en una casa desaparecida en 1972 para construir el aparcamiento anejo a la Casa de la Villa, pero que aún se mantiene viva en el recuerdo de los madrileños: la leyenda de la casa de la cruz de palo.

Una historia de amores prohibidos

Viajamos en el tiempo hasta el reinado de Felipe II. En la calle del Sacramento, además de palacios y mansiones, había una vivienda en la que habitaba un matrimonio musulmán. A pesar de la diferencia de edad, él era mucho mayor que ella, vivían en armonía hasta que un día un caballero cristiano se quedó prendado de la belleza de la joven… ¡y ésta también de él! No tardaron mucho tiempo en comenzar a verse a hurtadillas, aprovechando las ausencias del musulmán para dar rienda suelta a su amor. Todo parecía ir bien en esta relación hasta que un día, de repente, el caballero cristiano dejó de visitarla. Ella, en principio, no le dio importancia; sin embargo, pasaron los días y nunca más supo de él.

Debido a su avanzada edad, el marido falleció y la joven quedó viuda. La casa familiar se quedaba grande y quiso hacer una reforma general. Subió al desván al que sólo tenía acceso su difunto marido y un sudor frío recorrió su piel al encontrarse allí, emparedado, los restos de su querido amante al que nunca pudo olvidar durante todos los años de ausencia.

El desenlace

La joven viuda pudo comprender al fin cuál fue el motivo de la desaparición repentina de su amado. Posiblemente, éste fuese sorprendido en una de sus visitas por el marido quien no dudó en deshacerse de él para limpiar su honor mancillado. Una vez muerto, lo subió al desván y lo emparedó allí, en la misma casa en la que su amada vivía quien, cuenta la leyenda, se convirtió al cristianismo y mandó poner una cruz en el tejado de su casa, como si de una tumba se tratase.

A pesar de que esta edificación no existe, los vecinos de la plaza del Cordón y de la calle del Sacramento afirman que, en las noches de luna llena, aún puede verse al caballero cristiano y a la joven uniéndose en una sola figura, reviviendo ese amor prohibido en el más allá. ¿Te atreves a comprobarlo?

La Cárcel Eclesiástica de la Corona

Cárcel de la Inquisición_1

Cárcel de la Inquisición (exterior).

La Cárcel Eclesiástica de la Corona

No eran pocas las cárceles que había en la villa desde su fundación. Conocemos la Cárcel de Corte (el actual Ministerio de Asuntos Exteriores) o la propia Casa de la Villa, que albergaba, además del Concejo, la Cárcel de la Villa. Sin embargo, no sabemos tanto sobre la Cárcel Eclesiástica de la Corona, conocida también como la Cárcel de la Inquisición. ¿Quieres saber dónde está y alguna curiosidad sobre ella? ¡Pues no dejes de leer esta entrada del blog de RUTAS POR MADRID!

En la calle de la Cabeza, esquina a la de Lavapiés, se encuentra el Centro Municipal de Mayores Antón Martín, inaugurado en el año 2012. Anteriormente hubo una corrala y una taberna, cuyo dueño solía invitar a todo aquel que quisiera a visitar sus sótanos, los cuales nada tenían que ver con el uso tabernil. De hecho, quizá se jactase de que en ella se rodasen escenas de la serie de TVE Fortunata y Jacinta (1980), inspirada en la novela de Benito Pérez Galdós.

Yo no conocí la taberna. Pero sí he podido visitar el CMM Antón Martín. ¿Queréis saber qué encontré? Pues bien, tras una recia puerta de madera, bajando una empinada escalera, llegué a un pasillo abovedado, con cinco habitáculos, comunicados entre sí por unos respiraderos. Éstos, a su vez, daban al exterior a través de unos pequeños orificios, que se pueden ver perfectamente desde la calle. Las paredes son de ladrillo y pedernal -piedra reutilizada de la muralla árabe de Madrid-. El aspecto es el que podéis ver en la imagen.

Cárcel de la Inquisición_2

Cárcel de la Inquisición (interior).

A partir de esta visión, me puse a investigar sobre esta cárcel, desconocida para gran parte de los madrileños y visitantes. A lo largo del siglo XVIII está bien documentada su existencia, aunque se tiene constancia de ella desde el siglo XVII. Su finalidad original fue la de presidio para eclesiásticos encausados por delitos civiles. Sin embargo, durante los siglos XVIII y XIX fue perdiendo esta función y albergó todo tipo de delincuentes. Se cree que en estos momentos pudo ser utilizada por la Inquisición, hasta su definitiva abolición en 1834.

Pues bien, si algún día pasáis por la noche por delante de este edificio y escucháis unos ruidos extraños que vienen de sus sótanos, quizá sea el alma de algún preso que pudo pasar sus últimos días en estos calabozos y os llama, angustiada, para que recéis una oración por su salvación. Yo, por si acaso, sí que lo haría…

En un lugar del barrio de Las Letras…

Calle de las Huertas (barrio de Las Letras)

Calle de las Huertas (barrio de Las Letras)

En un lugar del barrio de Las Letras…

Las calles del barrio de las Letras durante el siglo XVII tenían nombres tan sugerentes como Cantarranas, Viento, Niño, Gorguera o Berenjena. Como bien sabréis, estos nombres hacían referencia a personajes, comercios, instituciones e, incluso, a hechos relevantes que hubiesen sucedido en ellas. Sin embargo, algunos nombres actuales de estas calles ¡no tienen nada que ver con quienes las habitaron en el siglo XVII!

  • La casa de Lope de Vega está en la calle de Cervantes… ¿Hubo de llamarse entonces calle de Lope de Vega?
  • La casa de Cervantes está en la calle de Cervantes… ¿Lógico, no? Sin embargo, no todo el mundo sabe que la residencia del autor de El Quijote tenía su entrada en la actual calle del León.
  • La casa de Quevedo está en la calle de Quevedo. Hoy en día una placa nos anuncia la supuesta casa del genial poeta madrileño. Aunque sí era de su propiedad, se dice que jamás la habitó. ¿Entonces quién lo hizo? Nada más y nada menos que su mayor rival en el Parnaso y en la Corte… ¡don Luis de Góngora y Argote! Parece ser que el autor de La vida del Buscón tenía mucho más tirón y el Ayuntamiento olvidó al poeta cordobés tanto en la placa como en el callejero madrileño.
  • La casa en la que se encuentran los restos de Cervantes está en la calle de Lope de Vega, en el convento de las Trinitarias, ¿No hubiera sido más lógico llamar a aquélla calle de Cervantes?

¡Menudo lío! Obviamente, no vamos a pedir desde aquí que se cambien los nombres de las calles, lo cual provocaría más confusión. Sin embargo, sí queremos contaros éstas y otras curiosidades, ya que por estos motivos es por lo que Madrid nunca deja de sorprendernos.

Origen etimológico y mítico de Vallecas

Vista de Vallecas desde el parque de las "Siete Tetas".

Vista de Vallecas desde el parque de las “Siete Tetas”.

Origen etimológico y mítico de Vallecas

Sobre el origen etimológico de Vallecas hay dos versiones. Quizá la más conocida es la que, según cuenta la tradición local vallecana, un moro llamado Kas levantó su casa, además de unas chozas para pastores y otras tantas para guardar el ganado, en el valle donde se encuentra el actual pueblo de Vallecas. Los cristianos al conquistar el valle lo denominaron “valle Kas”, en referencia al moro que allí vivió y que huyó hacia el Sur con todos sus criados y ganado. Con el tiempo, acabaron uniéndose ambas palabras y convirtiendo su “k” por una “c”. La segunda versión se la debemos a Fernández de los Ríos, el cronista madrileño, quien afirmaba que Vallecas deriva de Vallis Egas, Valle de Egas, siendo éste el nombre del dueño de una alquería.

Ahora bien, no todo el mundo conoce que Vallecas también tiene un origen mítico. Ya hablamos sobre la importancia que se le daba a los animales a la hora de la fundación de las ciudades desde la antigüedad en el post El oso y el madroño. Cuenta la leyenda que el fundador de Vallecas era el fruto de la relación entre un caballo blanco y una lechera vallecana. Por este motivo, a los vallecanos también se les conoce como los “hijos del caballo blanco“.

Así pues, los vallecanos pueden sentirse orgullosos de tener su propia leyenda fundacional, al igual que Roma y otras importantes ciudades.