El pasadizo del Rey

Entrada al pasadizo del Rey

Entrada al pasadizo del Rey

El pasadizo del Rey

El subsuelo de Madrid está lleno de pasadizos. Los más conocidos son los cientos de kilómetros de las líneas de Metro, Cercanías y los pasillos, algunos de ellos interminables -como los de la estación de Diego de León-. Otro famoso túnel es el tramo soterrado de la M-30, que transcurre bajo nuestro caudaloso río Manzanares. Gracias a su soterramiento, además de acercar los barrios anteriormente separados por la autopista, los madrileños tenemos un nuevo espacio de ocio, deporte y naturaleza: el Madrid Río. Sin embargo, no todos saben que este proyecto supuso la desaparición de un no tan conocido pasadizo: el pasadizo del Palacio Real.

Para saber un poco más sobre su origen tenemos que transportarnos a 1810. El hermano del emperador Napoleón Bonaparte, José, gobernaba en España. Sin embargo, vivía con miedo a que se repitiesen los hechos del 2 de Mayo, cuando el pueblo de Madrid se alzó en contra de la ocupación francesa y que supuso el comienzo de la Guerra de la Independencia. Por ello, el Rey se dirigió a Juan de Villanueva para encargarle un túnel que condujese desde el Palacio Real hasta el palacete de la Casa de Vargas, en la Casa de Campo, donde por motivos de seguridad había fijado su residencia. Este túnel salía desde los jardines del Campo del Moro y tenía su salida a las puertas del Puente del Rey,

Tras la Guerra de la Independencia, el túnel se mantuvo como medida de seguridad por si en algún momento cualquier monarca tenía que huir con lo puesto. Si os preguntáis si alguna vez se dio el caso os diré que sí. Sobre las 20:45 del 14 de abril de 1931, Alfonso XIII lo utilizó para abandonar el Palacio Real tras la proclamación de la II República. Sin embargo, como decíamos al principio, nadie podrá volver a utilizarlo porque simplemente no existe. Eso sí, si queréis podéis ir al Campo del Moro, donde se conserva la puerta de entrada al túnel, perfecto para ir con caballerías o con los más modernos vehículos a motor; o en Madrid Río, frente al puente del Rey, donde hay una placa que indica dónde se encontraba la salida.

Salida del pasadizo del Rey hacia la Casa de Campo

Salida del pasadizo del Rey hacia la Casa de Campo

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Nuestro siempre piropeado río Manzanares

Vista de Madrid, Anton Van der Wyngaerde (1562)

Vista de Madrid, de Anton Van der Wyngaerde (1562)

Nuestro siempre piropeado río Manzanares

A pesar de la riqueza de sus aguas, la ciudad de Madrid nunca ha podido jactarse de que por sus tierras discurriese un río tan caudaloso como el de otras capitales europeas. Conocido hasta el siglo XVI como Guadarrama, cuando cambió su nombre por el de Manzanares, por nacer en tierras pertenecientes al señorío de Manzanares el Real, siempre se ha caracterizado por su bajo caudal. Sin embargo, alguna que otra vez tuvo crecidas, como las sufridas en el siglo XV, que dieron nombre a alguna calle madrileña.

Sea como sea, a lo largo de la historia el Manzanares ha recibido multitud de piropos referentes a su caudal. A continuación podéis leer algunos de ellos.

Tirso de Molina

El monje mercedario comparó en su Oda al río Manzanares el curso del río con el universitario:

Como Alcalá y Salamanca
tenéis, y no sois colegio,
vacaciones en verano
y sólo curso en invierno.

Félix Lope de Vega

El gran poeta le dedicó los siguientes versos:

Manzanares, Manzanares,
arroyo, aprendiz de río,
platicante de Jarama,
buena pesca de maridos…
y aunque un arroyo sin bríos
os lave el pie diligente,
tenéis un hermoso puente
con esperanza de río.

El puente al que se refiere el poeta es al de Segovia, obra del arquitecto Juan de Herrera. De hecho, cuando el poeta fue invitado por el corregidor a la inauguración del puente, y se le pidió opinión sobre él, dijo: “No voy a dar una opinión, sino un consejo, señor corregidor: que la Villa de Madrid, una de dos, se compre un río o venda el puente”. Imaginaos la reacción de los allí congregados…

Luis de Góngora

El cordobés no se quedó atrás piropeando a nuestro río. Lo hizo, por ejemplo, en este poema:

Duéleme de ese puente, Manzanares:
mira que dice por ahí la gente
que no eres río para medio puente
y que eres un río para treinta mares.

Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo, siempre tan ingenioso, también se refirió a nuestro río en los siguientes poemas:

Tiéneme del sol la llama
tan chupado y tan sorbido
que se mueren de sed
las ranas y los mosquitos.

Más agua trae en un jarro
cualquier cuartillero de vino
de la taberna, que lleva
con todo su argamandijo.

Otros piropos de literatos y visitantes

No sólo estos gigantes de las letras hicieron mofa y befa de nuestro río. Conocemos algunos comentarios de diplomáticos, ilustres visitantes y literatos. Entre estos últimos, destacamos a Ventura de la Vega, quien dijo que si en Madrid llovía, el río pediría a gritos un paraguas (no fuera a ser que se mojase). También el francés Alejandro Dumas, autor de Los tres mosqueteros, quien residió un tiempo en Madrid, afirmó que no podía escribir nada sobre nuestro río simplemente porque no consiguió verlo nunca. No sólo eso. Se dice que un día, muerto de sed, pidió a un aguador un vaso de agua del cual sólo bebió la mitad… ¡dejando la otra para que la echase al Manzanares!

Entre los ilustres visitantes, la condesa francesa de D’Aulnoy dijo que en los meses de junio y julio el cauce estaba tan seco que los madrileños hacían carreras de carruajes ¡de hasta dos mil participantes! (la condesa fue un poco exagerada; quizás unos mil hubiera sido más acertado). Por último, el embajador alemán Rhebiner, como buen diplomático, tuvo palabras alegres para el Manzanares. Afirmó que era el mejor río de Europa, ya que tenía la ventaja de ser navegable tanto en coche como a caballo…

Los leones de la diosa Cibeles

Fuente de Cibeles

Fuente de Cibeles

Los leones de la diosa Cibeles

Hace un tiempo hablábamos sobre la historia de dos famosos leones que hay en la ciudad de Madrid. Sin embargo, mientras que entonces comentábamos las dificultades en su elaboración, en esta ocasión retrocedemos en el tiempo hasta la antigüedad clásica para conocer por qué los nombres de los leones de la Cibeles son Atalanta e Hipómenes y por qué tiran de su carro. ¿Quieres saberlo? ¡Pues sigue leyendo!

El mito de Atalanta

Atalanta fue una heroína originaria de Beocia, una tierra dura y montañosa como es la península Balcánica. Mucho más dura fue su infancia, abandonada por su padre, quien sólo quería tener hijos varones, fue criada por una osa y, posteriormente, por un grupo de cazadores, de los que aprendió todas sus habilidades cinegéticas. Al llegar a la juventud, decidió permanecer virgen, consagrándose a la diosa de la caza, Artemisa. Sin embargo, un oráculo le predijo a la joven Atalanta que en el momento que se casase se convertiría en un animal.

Se hizo muy conocida en toda la Hélade por sus proezas, especialmente por las relacionadas con la caza (participó, por ejemplo, en la caza del jabalí de Calidón) o por su rapidez, imposible de vencer por cualquier hombre. Por ello, para evitar que el oráculo se cumpliese, Atalanta decidió que aquel que quisiese casarse con ella tendría que vencerla en una carrera; y, si no lo conseguía, el candidato encontraría la muerte a manos de su pretendida.

Varios candidatos habían caído en el intento, hasta que llegó Hipómenes, quien contó con la ayuda de Afrodita, la diosa del amor, para vencer a Atalanta. Ésta le dio unas manzanas doradas que Hipómenes debía ir soltando cada vez que la veloz heroína fuese a darle alcance. Así hizo y así logró la mano de Atalanta.

Los enamorados vivieron felices durante un tiempo. Un día, en una de sus cacerías, encontraron un templo de Cibeles, diosa de la Madre Tierra, y ebrios de pasión yacieron dentro de él. Este hecho llegó a los oídos de Zeus quien, encolerizado, convirtió a los dos amantes en leones, cumpliéndose así el oráculo, condenándolos a tirar del carro de la diosa regente del templo donde cometieron el sacrilegio.

Hipómenes y Atalanta, Guido Reni

Hipómenes y Atalanta, Guido Reni

¿Y por qué son dos leones macho?

Zeus no sólo castigó a los enamorados convirtiéndolos en leones sino que, además, quiso que ambos fuesen del mismo sexo. ¿A qué se debe esto? En Grecia, donde sí había leones, se creía que éstos no se reproducián entre sí, sino que lo hacían con hembras de leopardo -desconocían, por tanto, la existencia de las leonas-. Por otra parte, podemos pensar que Zeus también quiso matar el amor entre Atalanta e Hipómenes impidiéndoles amarse a pesar de su estado animal. Es por ello, si os fijáis, que los leones de la Cibeles no se miran, ignorándose, como si entre ellos jamás hubiese existido vínculo alguno.

La leyenda de la casa de la cruz de palo

Casa de la cruz de palo

Casa de la cruz de palo.

La leyenda de la casa de la cruz de palo

Madrid está llena de leyendas, fruto de siglos de historia. Amoríos prohibidos, personajes legendarios e incluso fantasmas se esconden tras los muros de algunas viviendas o en esquinas actualmente transitadas por el tráfico o los caminantes, turistas o autóctonos, quienes recorren con prisa nuestra ciudad, sin fijarse en las pistas que estas leyendas nos han dejado. El Madrid de los Austrias está plagado de ellas, pero es la calle del Sacramento una de las que más esconde. Hoy os traigo una de ellas, una leyenda de amor que sucedió en una casa desaparecida en 1972 para construir el aparcamiento anejo a la Casa de la Villa, pero que aún se mantiene viva en el recuerdo de los madrileños: la leyenda de la casa de la cruz de palo.

Una historia de amores prohibidos

Viajamos en el tiempo hasta el reinado de Felipe II. En la calle del Sacramento, además de palacios y mansiones, había una vivienda en la que habitaba un matrimonio musulmán. A pesar de la diferencia de edad, él era mucho mayor que ella, vivían en armonía hasta que un día un caballero cristiano se quedó prendado de la belleza de la joven… ¡y ésta también de él! No tardaron mucho tiempo en comenzar a verse a hurtadillas, aprovechando las ausencias del musulmán para dar rienda suelta a su amor. Todo parecía ir bien en esta relación hasta que un día, de repente, el caballero cristiano dejó de visitarla. Ella, en principio, no le dio importancia; sin embargo, pasaron los días y nunca más supo de él.

Debido a su avanzada edad, el marido falleció y la joven quedó viuda. La casa familiar se quedaba grande y quiso hacer una reforma general. Subió al desván al que sólo tenía acceso su difunto marido y un sudor frío recorrió su piel al encontrarse allí, emparedado, los restos de su querido amante al que nunca pudo olvidar durante todos los años de ausencia.

El desenlace

La joven viuda pudo comprender al fin cuál fue el motivo de la desaparición repentina de su amado. Posiblemente, éste fuese sorprendido en una de sus visitas por el marido quien no dudó en deshacerse de él para limpiar su honor mancillado. Una vez muerto, lo subió al desván y lo emparedó allí, en la misma casa en la que su amada vivía quien, cuenta la leyenda, se convirtió al cristianismo y mandó poner una cruz en el tejado de su casa, como si de una tumba se tratase.

A pesar de que esta edificación no existe, los vecinos de la plaza del Cordón y de la calle del Sacramento afirman que, en las noches de luna llena, aún puede verse al caballero cristiano y a la joven uniéndose en una sola figura, reviviendo ese amor prohibido en el más allá. ¿Te atreves a comprobarlo?

La calle de Santa María

Calle de Santa María

Calle de Santa María

La calle de Santa María

Hacía tiempo que no escribía sobre el origen de ninguna calle de Madrid. El otro día, conversando con mi querido amigo e ilustrador Carlos Pan, residente en el barrio de las Letras, me preguntó si podía darle información sobre el origen del nombre de su calle: Santa María. No andaba desencaminado, pues él sabía que tenía algo que ver con una imagen de la Virgen que se encontraba en esta zona. Para él y todos vosotros, y por encontrarnos en el mes de mayo -mes de la Virgen María-, me he decidido a escribir esta entrada. ¡Espero que os guste!

La calle de Santa María se encuentra, como dije anteriormente, en el barrio de las Letras. Discurre desde la calle de Moratín hasta la del León, en cuya esquina se desarrolló la historia que dio nombre a la de Santa María. Don Pedro Veluti, un noble caballero de origen italiano, trajo consigo un lienzo en el que aparecía la Virgen contemplando al Niño Jesús, acompañada por San Juan Bautista y San José. Como era costumbre colocar imágenes religiosas en las esquinas de las casas, el piadoso de don Pedro colocó la suya en la anteriormente mencionada esquina.

Esta imagen sufrió varios ataques iconoclastas. Uno de ellos fue protagonizado por unos herejes que vinieron a Madrid en 1623 acompañando al entonces príncipe de Gales, futuro Carlos I de Inglaterra, quienes le asestaron varias cuchilladas. Estos hechos llevaron al señor Veluti a cambiar en dos ocasiones el lienzo original.

Visto lo sucedido, la imagen despertó la devoción de los madrileños, entre los cuales destacó Catalina Flores, esposa de un buhonero de la Corte y madre de la actriz Bernarda Ramírez. La Flores quedó tullida tras el parto de su hija y determinó hacerle una novena como rogativa para recobrar su salud. Era tal su fervor que durante esos días se la veía durmiendo a los pies de la Virgen. Al noveno día, ya sea fruto de la sugestión o de un milagro, cuentan que la mujer se sintió totalmente curada y arrojó las muletas.

Desde entonces la popularidad de esta imagen fue in crescendo, hasta el punto que la Congregación de Actores la tomó como Patrona, bautizándola como la Virgen de la Novena, y trasladada en 1624 a la vecina parroquia de San Sebastián, donde se acordó la construcción de una capilla propia, finalizada en 1665.

El cuerpo de san Isidro Labrador

San Isidro Labrador

San Isidro Labrador

El cuerpo de san Isidro Labrador

Hoy celebramos en la ciudad de Madrid la festividad de san Isidro, nuestro santo patrón. Muchos irán a la ermita del Santo a tomar el agua de su fuente, pasearán por la pradera vestidos de chulapos y comerán entresijos, gallinejas y rosquillas (tontas o listas); otros acudirán a los actos litúrgicos; y otros muchos aprovecharán el día festivo para ir a pasar el día comprando a los centros comerciales… Sin embargo, en honor de nuestro santo patrón, desde RUTAS POR MADRID, hemos querido rendirle homenaje con esta entrada: “El cuerpo de san Isidro Labrador”.

El cuerpo de san Isidro seguramente ha sido uno de los que más movimiento ha tenido de todo el santoral. Inicialmente, cuando Isidro falleció en el año 1172, fue enterrado en el cementerio de la parroquia a la que pertenecía: San Andrés. A los cuarenta años de su muerte (1212), fue exhumado y se comprobó que su cuerpo se hallaba en perfecto estado. Por ello, se decidió su primer traslado: pasó del cementerio de San Andrés al interior de la iglesia.

El segundo viaje que tuvo el cuerpo incorrupto de Isidro fue desde la iglesia de San Andrés hacia la vecina capilla del Obispo, construida por los descendientes de la familia de los Vargas, para la que trabajó san Isidro. Tras veinticinco años de disputas entre el capellán y el párroco de San Andrés, volvió a esta última en el año 1560 -otro nuevo viaje-.

En 1614, el rey Felipe III enfermó gravemente en el municipio toledano de Casarrubios del Monte, por lo que pidió que el cuerpo del santo viajase adonde él se encontraba para interceder en su enfermedad. Con este viaje hacemos el cuarto… ¡y quinto, ya que cuando el Rey sanó ambos volvieron a Madrid!

En 1669 se construyó la capilla barroca en su honor en la iglesia de San Andrés. Sin embargo, los restos del Santo duraron cien años allí (hasta 1769) en busca de su nuevo y último destino: la colegiata (antigua catedral) de San Isidro. Con la expulsión de los jesuitas, se cambió la advocación de la iglesia y fue trasladado el cuerpo de nuestro santo patrón (junto con los de su mujer, santa María de la Cabeza) a este templo.

Sin duda alguna, podemos afirmar que tenemos un patrón viajero. Eso sí, no tanto como para acabar en la Bretaña francesa. Parece ser que en la catedral de Vannes existe una imagen de San Isidro sobre una tumba en la que se afirma que allí reposa el santo de origen madrileño…

Los leones del Congreso

Los leones del Congreso

El Congreso de los Diputados fue finalizado en 1850 y es obra del arquitecto Narciso Pascual y Colomer. Su fachada es un gran ejemplo del neoclasicismo español, en la que destacan la escalinata de acceso, las seis grandes columnas corintias y los motivos decorativos obra de Ponciano Ponzano: el frontón y, como no, los leones de bronce a cada lado de la escalinata. Sin embargo, no todo el mundo sabe la historia de estos famosísimos leones, bautizados como Daoíz y Velarde en recuerdo a los héroes de la jornada del Dos de Mayo. ¿Quieres saber su interesante historia y alguna que otra curiosidad? ¡Pues no dejes de leer!

Su historia

Primeros leones Congreso

Primeros leones de las Cortes, obra en yeso de Ponciano Ponzano

Los leones que observan majestuosamente a quienes suben o bajan la carrera de San Jerónimo no formaron parte del conjunto inicial, que incluía dos farolas a cada lado de la entrada. Ponciano Ponzano fue quien pensó en la necesidad de dotar de mayor singularidad al edificio. ¿Cómo? Presentando una propuesta al Gobierno para colocar dos leones. A pesar de que el proyecto fue aprobado, estos primeros leones duraron poco debido a los materiales en que fueron realizados: yeso con cobertura de bronce.

Leones de las Cortes de Bellver

Proyecto de leones para las Cortes de José Bellver. Actualmente en el jardín de Monforte (Valencia)

Se pensó hacerlos directamente en bronce, pero ni las pretensiones del escultor ni las posibilidades del Gobierno llegaron a buen puerto. Así, sobre José Bellver recayó la responsabilidad de hacer unos nuevos, esta vez en piedra para así soportar las inclemencias meteorológicas. Sin embargo, cuando fueron presentados los leones, no tenían ese aspecto fiero que se les presupone… ¡parecían ciertamente dóciles! Si queréis conocerlos, se encuentran en el jardín de Monforte de Valencia.

Leones actuales

Leones actuales de las Cortes, obra de Ponciano Ponzano

En estas circunstancias llegamos al año 1860. El Gobierno deseaba cerrar el tema de los leones de las Cortes, que duraba ya unos cuantos años. Así, decidió, tras unas nuevas negociaciones con Ponzano, utilizar el bronce procedente de unos cañones traídos a Sevilla por O’Donnell y Prim como botín de guerra tras la batalla de Wad-Rass en la guerra de Marruecos (1859-1860). Las esculturas fueron instaladas finalmente en el Congreso de los Diputados en 1865.

Las curiosidades que nos esconden

A pesar de que a simple vista parecen iguales, hay ciertas diferencias entre ambos más allá de que cada uno mira a un lado y sujetan una bola con diferentes patas. Pues bien, una de ellas es el peso. Mientras que uno pesa 2.217 kg, el otro pesa 2.668. ¿A qué se deberá? Puede deberse a que el rabo de cada uno de los leones está esculpido de diferente forma o a que, y esto es lo más curioso y no tan conocido, uno de ellos no tiene expuestos sus genitales… ¿No lo sabías? Pues bien, ahora sólo te queda a ti, querido lector, acercarte al Congreso de los Diputados y comprobar in situ estas diferencias.