Calles de la Esgrima y de la Espada

Calle de la Espada

Placa de la calle de la Espada

La calle de la Espada

Las dos calles que tratamos en este artículo están íntimamente relacionadas. La calle de la Espada tiene su origen en la plaza de Tirso de Molina y termina en la calle de la Esgrima.

En la casa conocida como la Casa del Inquisidor, un maestro de esgrima levantó su escuela y, a modo de reclamo publicitario, colgó una espada de una cadena junto a la puerta. No sólo eso, sino que afirmaba que la espada perteneció a un noble francés, que la llevó en varias batallas y casi le otorgaba poderes prodigiosos.

Durante años el maestro de esgrima enseñó a muchos tiradores de espada en este corralón -entre otros, don Félix Lope de Vega y su hermano-, hasta que el dueño de la casa, harto de no cobrar algunos pagos y deseoso de demoler la vivienda para reedificarla, echó al maestro de esgrima. Eso sí, como sabía del valor que tenía la espada (o del que su dueño le daba) se quedó con ella en compensación por las deudas. El propietario comenzó el derribo del corralón, pero por un litigio con los frailes del vecino convento de la Merced no pudo completar la obra y la espada quedó allí colgada mucho tiempo, dando nombre a la calle.

Pero, ¿dónde acabó la espada? Se dice que don Antonio de Silva y Toledo, duque de Alba, paseando de camino a su palacio -situado entorno a la actual calle del Duque de Alba-, observó la espada y se encaprichó de ella y de sus fantásticas historias. El dueño de la finca, que aún se encontraba en pleitos con los monjes, no dudó en aceptar la oferta del aristócrata, y desde entonces la espada pasó a formar parte de la colección particular del duque. ¿Habrá llegado a nuestros días?

Calle de la Esgrima

Placa de la calle de la Esgrima

La calle de la Esgrima

La calle de la Esgrima nace en la vecina calle de Jesús y María y termina en la calle de Mesón de Paredes, anticipo del castizo barrio de Lavapiés.

El nombre de la calle viene de la actividad que se practicaba en un corralón situado en ella. El mismo maestro de esgrima que impartía lecciones en la calle de la Espada se desplazó aquí para continuar su labor, tras los problemas que tuvo con el dueño de la antigua finca. Este nuevo corralón pertenecía a un viejo mercader de libros, que decidió alquilárselo por veinte ducados al año.

Además de su labor docente, los días festivos el maestro de esgrima cedía el espacio -siempre por diversión- para que los madrileños pudieran llevar a cabo allí sus asaltos… sin embargo, no todos iban a “divertirse”. Hubo varios escándalos ya que algunos contendientes se retaban a muerte en este lugar, lo que le obligó al maestro a cerrarlo sólo para sus alumnos, entre los que se encontraban, por poner algún ejemplo, los pajes del duque de Lerma, valido de Felipe III.

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